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| La actividad delirante: aspectos etiopatogénicos y clínicos |

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Título
de la revista/monografía: La actividad delirante: aspectos etiopatogénicos y clínicos
Coordinador
del la monografía: A. Medina León
Número/fecha:
04-01
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| Artículos (Resúmenes
e Introducciones) |
Título
del artículo: Editorial
Tipo de contenido: Editorial
Autores: A. Medina León, R. Lillo Roldán, M.ª J. Moreno Díaz y C. Ruiz Ogara
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Título
del artículo: Psicohistoria de las conceptualizaciones médicas de la actividad delirante
Tipo de contenido: Artículo Original
Autores: A. Medina León
La actividad delirante es el padecimiento humano que se deriva de vivir delirando, porque el comportamiento siempre es el resultado de la elaboración intrapsíquica de un estímulo, que se dirige en forma de respuesta a la aceptación comprensiva o a la modificación de los elementos que pusieron en marcha todo el circuito funcional de las vivencias.
El delirio, como otros síntomas de nuestra semiótica: tristeza patológica, nerviosismo (ansiedad, angustia)...; no ha tenido siempre la misma consideración patopsicológica y consiguientemente el mismo peso diagnóstico nosotáxico o diferencial.
En terminología de Berrios (2000), el delirio se muestra como un «síntoma inestable» en el sentido de la divergencia histórica que siempre ha existido entre concepto de delirio, el significado literal del síntoma delirio y la conducta delirante como designadora de enfermedad mental. El delirio como signo, camina en el transcurso de la épocas históricas psiquiátricas, en conjunción con una serie de elementos médicos y sociales que además de imprimir distinta definición nosológica, y consecuentemente distinta adscripción nosotáxica y peso pronóstico, fuerzan a una consideración en el propio enfermo también distinta.
Se puede, a la vista de la diacronía de los trastornos nosográficos, afirmar que los Estados Delirantes producen en el clasificador distintas enfermedades delirantes y esto último es retroalimentativo. ¿Por qué?, Bion dice hay que «explicar la historia por medio de los móviles humanos y explicar los móviles humanos por medio de la historia» y es en esta tarea en la que está empeñada la Psicohistoria. Los elementos que en cada momento histórico definen al hombre, son los referentes de lo que la Persona es, como se cuestiona a sí misma y la forma en como ella lo hace. Sus conquistas sociales son sus definiciones porque por aquellas se modifica el contrato social siendo este, tanto la expresión del grado de su libertad como la naturaleza cualitativa de ella.
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Título
del artículo: Clasificación de los delirios
Tipo de contenido: Artículo Original
Autores: R. Lillo Roldán
Desde un punto de vista jerárquico, el valor de la actividad delirante, es variable en la clínica de las diversas entidades nosológicas, mereciendo también una significación diferente a la hora de efectuar la inferencia diagnóstica partiendo de la observación primero y de la constatación formal y genética después del síntoma delirio. Vamos a abordar ahora, desde una perspectiva de observación puramente semiológica y por tanto nosognómica, la aparición del delirio en cada trastorno psiquiátrico concreto, señalando el tipo o tipos (contenido) más frecuente en cada uno de ellos, aun a sabiendas como afirmara Ey (1950), que «el delirio no es sólo la idea delirante, ni es reductible a su contenido».
Según Sarró (1981) la temática de los delirios es uniforme y autónoma, existiendo por ello, una ruptura entre la historia biográfica del sujeto y la unidad temática a la que se adscribe la actividad delirante. Esta actividad en cuanto a la temática, tiene un carácter totalizante. El delirio, en su progresión, es la expresión de un intento de universalización autoexplicativa. El mismo autor, recalcaba, que en la temática delirante no solamente había que considerar los temas presentes sino los ausentes. En la constitución de un delirio (en su tema) el campo cultural del enfermo no es ajeno, pero la importancia reside en la transformación que a aquél imprime el delirio hasta convertirlo en otro totalmente distinto. Así la transformación de los fenómenos neutros de Clerambault en temáticas persecutorias o teofánicas son expresión de la doble génesis de los contenidos. La uniformidad de los temas delirantes es tanto sincrónica como diacrónica, considerado ello desde el punto de vista fenomenológico.
En la Esquizofrenia y con ella todo el conjunto de Trastornos Psicóticos, que seguidamente repasaremos, la presencia del delirio se convierte en auténtico síntoma guía para el diagnóstico, el cual se establece finalmente en base a la existencia de otra sintomatología que los caracteriza y que es lo sustancial en estos trastornos, desde el punto de vista lesional. La variabilidad temática de los delirios en la Esquizofrenia es muy alta, pudiendo aparecer desde los de autorreferencia hasta los de grandeza y transformación, pasando por los de contenido somático, místico o de control; pero los diferentes autores coinciden en que la temática de persecución, concretizada en versiones muy dispares y cambiantes (espionaje, engaños, suplantación,...), es la que con mayor frecuencia se recoge en los relatos de los esquizofrénicos. Las influencias socioculturales en la expresión patoplástica sintomatológica, adquiere un valor relevante en el caso concreto de la sintomatología delirante de la Esquizofrenia, de tal manera que existe el riesgo de cometer un error al etiquetar como delirante lo que en determinado ambiente cultural es simplemente expresión de una forma particular de pensamiento con una simbología concreta.
En lo que se refiere a las formas clínicas de la Esquizofrenia, es la Paranoide la que se nos presenta con una mayor riqueza de contenido alucinatorio-delirante. Aunque el contenido de las ideas delirantes es diverso, predominan los temas de persecución (autorreferentes) y también los de grandeza, lo cual no excluye otras temáticas, como celos, los contenidos somáticos (transformación corporal), aquellos que creen tener una misión especial que desarrollar (mesiánicos), o las ideas delirantes de control. En la forma clínica Hebefrénica (Desorganizada), la sintomatología delirante y alucinatoria es fragmentada y transitoria, sin que pueda señalarse una temática central. La presencia de sintomatología de la esfera psicomotriz, en la forma Catatónica, diluye la relevancia de la actividad delirante en ella, aunque los contenidos que más se recogen son los de transformación corporal (cenestésicas) y de vaciamiento de órganos internos. Mientras que en la Residual, la aparición de ideas delirantes, si se produce, es en todo caso de manera poco llamativa, frente a la importancia clínica de la sintomatología negativa.
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Título
del artículo: Patopsicología y fisiopatología de la actividad delirante
Tipo de contenido: Artículo Original
Autores: M.ª J. Moreno Díaz
La teoría anatomoclínica del enfermar que impregnó la Psiquiatría desde su inicio como especialidad médica, obliga en su formulación psicopatológica a considerar que cualquier síntoma no es más que el epifenómeno directo o indirecto de una lesión, más o menos clara o especificada y que a su vez va a ser la nominadora de entidad nosológica; si el directo es la expresión fisiopatológica de primer orden, el indirecto, es el resultado de mecanismos puestos en marcha para compensar la homeostasis alterada y por tanto de segundo orden. A su vez la psicopatología usa como lenguaje referentes descriptivos, la más de las veces biológicos, otras sociales y en algunas ocasiones una mezcolanza de ambos que no hace sino complicar su definición conceptual descriptiva.
En la actualidad, seguimos planteando la cuestión de si se sostiene que el síntoma, entendido de esta forma, único referente que mayoritariamente utilizamos para efectuar un diagnóstico, ya sea dimensional o categorial, y un pronóstico, pueda seguir entendiéndose como producto lesional o por el contrario, el síntoma alude a un sumatorio de hechos que incluyen, tanto el vector fisiopatológico lesional, como mecanismos que surgen a fin de conseguir la autorregulación homeostática alterada por la lesión, así como secundarias alteraciones que proceden de los nuevos circuitos fisiopatológicos instaurados y por último, y no por ello de menos importancia, el contexto verbal en el que se exprese o capte el síntoma por el observador clínico.
El delirio, es la nominación de un elemento psicopatológico, igual que ocurre con otros síntomas como la alucinación, la tristeza o la angustia. Concretamente con el delirio, el discurso psiquiátrico aún sigue debatiendo, desde su origen terminológico, a las distintas concepciones que de él se ha tenido a lo largo de la historia, y que a la postre son las responsables de que aún no nos pongamos de acuerdo, a la hora de su definición psicopatológica en cuanto a función psíquica alterada etc.
El significado del delirio en el uso lingüístico es casi inequívoco. Su utilización nos es exclusiva médico-psiquiátrica, sino que suele emplearse en el lenguaje corriente, donde unas veces en sentido lato y otras en sentido estricto se recurre a él para expresar locura, sinrazón, desvarío, queriendo designar un modo especial de experimentar la realidad. Su origen etimológico varía entre las lenguas románicas, el alemán y el inglés. La procedencia del vocablo latino «delire» que significa «salirse del surco» pues se forma a partir de los prefijos «de» (fuera) y «lirare» (arar o trazar surcos) es la utilizada y la que está presente en el castellano, portugués, italiano y francés. En inglés, el término delusion procedería del latín «deludo» designando «una creencia u opinión falsa sostenida con relación a cosas objetivas». El término alemán «Wahn», originalmente «Wân» significó «expectación», sin embargo, más adelante emerge un nuevo significado para el mismo término en el que es entendido en el «sentido de sospecha y de asunción incierta», siendo empleado en su acepción legal como equivalente a lo «contrario de la verdad probada, lo opuesto a un juicio racional» (Berrios y Fuentenebro, 2000).
Si su origen etimológico es complejo, aún lo es más dilucidar lo que es propiamente un delirio. El delirio sería «una persistencia de una actitud mental que se sale de lo convencional y que juzgada por otras personas, la cualifican de absurda, que afecta a la experiencia y a la idea de la realidad» y que ya Esquirol (1814) expresaba cuando decía que «El hombre delirante es aquel en el que las sensaciones no están en relación con los objetos exteriores, cuando sus ideas no encuentran relación con sus sensaciones, cuando sus juicios y sus determinaciones son independientes de la voluntad». Desde esta definición de «hombre delirante» hasta la actualidad, el camino recorrido ha sido largo y arduo para el «delirio» pues desde todas las orientaciones se han producido aproximaciones a su concepción, aunque todas ellas insuficientes pues sólo nos ofrecen aspectos parciales (Ruiz Ogara, 1982).
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