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| Trastornos paroxísticos no epilépticos (TPNE) |

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Título
de la revista/monografía: Trastornos paroxísticos no epilépticos (TPNE)
Coordinador
del la monografía: Rogelio Simón de las Heras
Número/fecha:
128
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Título
del artículo: Trastornos paroxísticos no epilépticos (TPNE)
Tipo de contenido: Editorial
Autores: R. Simón de las Heras y F. Mateos Beato
Consulte el editorial en formato PDF |
Título
del artículo: Trastornos paroxísticos no epilépticos: clasificación y aproximación diagnóstica
Tipo de contenido: Artículo Original
Autores: C. Gómez-Escalonilla, R. Jadraque Rodríguez, M. Floriach-Robert y R. Simón de las Heras
Con el término trastorno paroxístico nos referimos a un conjunto amplio de fenómenos en los que, de forma paroxística, hay una alteración transitoria de las funciones neurológicas, que suele repetirse tras un intervalo libre de síntomas. La alteración de las funciones neurológicas es brusca e inesperada y puede afectar al estado de alerta y conexión con el medio, a la conducta social o a las funciones motoras, sensitivas o sensoriales.
Los trastornos paroxísticos más populares son los de origen epiléptico (TPE) que están causados por una descarga anormal, excesiva y desordenada de un grupo de neuronas. Pero desde luego no son los únicos, ni siquiera los más frecuentes. Hay multitud de trastornos paroxísticos de causa no epiléptica (TPNE) que son, la mayoría, de origen cerebral pero no eléctrico.
Esta monografía se dedica al análisis y descripción de este grupo de fenómenos que se asemejan y con frecuencia se confunden con los trastornos epilépticos. Entre un 10% y un 25% de los niños remitidos a centros especializados en epilepsia, muchos de ellos diagnosticados de epilepsia refractaria al tratamiento, lo que realmente sufren es un TPNE. No estamos hablando, por tanto, de un problema extraordinariamente raro, patrimonio exclusivo del especialista en Neurología Pediátrica, pues, en conjunto, los TPNE tienen una prevalencia del 10% en la población infantil, muy superior a la epilepsia. En la práctica esto significa que los TPNE constituyen uno de los motivos más frecuentes de consulta al especialista y que cualquier pediatra que trabaje en Atención Primaria o en Urgencias atenderá a cientos de casos durante su vida profesional.
No es necesario insistir mucho en las desgraciadas consecuencias que un diagnóstico equivocado de epilepsia puede conllevar. Pruebas diagnósticas innecesrias, medicación crónica con potenciales efectos secundarios, consumo inapropiado de recursos, alarma en el entorno familiar y social del niño, e incluso cierta estigmatización social que desgraciadamente aún persiste de forma injustificada hacia los pacientes con epilepsia.
Los TPNE pueden ocurrir a cualquier edad, pero un gran número de ellos se dan exclusivamente en la edad infantil. Incluso hay una marcada dependencia de la edad, de forma que muchos de ellos tienen edades favoritas de presentación, ocurriendo de forma extraordinaria en otros grupos de edad.
Una minoría de TPNE plantea serias dificultades de diagnóstico diferencial con la epilepsia y requieren estudio especializado y exámenes neurofisiológicos.
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Título
del artículo: Trastornos paroxísticos no epilépticos: crisis anóxicas
Tipo de contenido: Artículo Original
Autores: M. Floriach-Robert, G. Parrilla Reverter, J. Jadraque Rodríguez y R. Simón de las Heras
El presente capítulo revisa las condiciones paroxísticas no epilépticas secundarias a anoxia o hipoxia cerebral. Las crisis anóxicas se producen por un fracaso de la oxigenación cerebral debido a un fallo reversible en la perfusión cerebral por bradicardia, taquicardia, hipotensión arterial o asistolia transitoria. Otro posible mecanismo, menos común, es la hipoxia hística pura sin trastorno asociado en la perfusión del sistema nervioso. El mecanismo isquémico a veces de combina con el hipóxico. La hipoxia cortical se manifiesta clínicamente como un síncope, en el que hay una pérdida de consciencia y del tono postural de forma brusca y transitoria; si la hipoxia es grave, se produce una rigidez de decorticación u opistótonos, al quedar liberado el tronco del encéfalo de los impulsos inhibitorios corticorreticulares. Las crisis anóxicas se producen por diferentes mecanismos, varios de ellos pueden aparecer en el mismo paciente o incluso en el mismo ataque. |
Título
del artículo: Trastornos paroxísticos no epilépticos secundarios a enfermedades sistémicas
Tipo de contenido: Artículo Original
Autores: R. Jadraque Rodríguez, C. Gómez-Escalonilla, A. Camacho Salas y R. Simón de las Heras
En este trabajo se analizan los trastornos paroxísticos no epilépticos debidos a enfermedades sistémicas. |
Título
del artículo: Trastornos paroxísticos no epilépticos psicógenos
Tipo de contenido: Artículo Original
Autores: L. Galán Dávila, I. García Morales, C. Gómez-Escalonilla y F. Mateos Beato
El término TPNE psicógeno o crisis psicógenas se utiliza para definir aquel conjunto de trastornos paroxísticos similares, desde el punto de vista clínico, a una crisis pero cuya causa no es ni epiléptica ni orgánica.
Este tipo de cuadros deben considerarse siempre en el diagnóstico diferencial de las crisis epilépticas. A lo largo de la historia han recibido distintos nombres. En la actualidad los más utilizados son pseudocrisis, crisis psicógenas o crisis pseudoepilépticas. Se estima que alrededor del 40% de los niños que son remitidos a un hospital con la sospecha diagnóstica de crisis epiléptica tienen un trastorno paroxístico de otra naturaleza. Sin embargo, dentro de estos trastornos paroxísticos no epilépticos infantiles, las crisis psicógenas no constituyen el grupo más importante en frecuencia. De hecho, aunque se han descrito casos a edades bastante tempranas, no empiezan a cobrar importancia numérica hasta la adolescencia o preadolescencia.
Uno de los problemas principales en el diagnóstico de las crisis psicógenas de la infancia es que, con frecuencia, el niño no tiene una edad suficiente para ser capaz de describir las sensaciones que preceden al evento o que ocurren durante el mismo. Por ello, es fundamental apoyarse en la historia clínica obtenida de un testigo. Los testigos más habituales son los padres que no siempre son capaces de describir de una forma adecuada los episodios, por la angustia que éstos les generan.
Revisaremos las principales entidades que constituyen el conjunto de las crisis psicógenas en la infancia.
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Título
del artículo: Trastornos paroxísticos no epilépticos relacionados con el sueño
Tipo de contenido: Artículo Original
Autores: G Parrilla Reverter, A. Camacho Salas, L. Galán Dávila, F. Mateos Beato
Aunque se dispone de poca información epidemiológica, en la práctica, las alteraciones del sueño en el niño constituyen una patología frecuente y generan abundantes consultas al pediatra y al neurólogo pediátrico. En este trabajo nos limitaremos a describir los trastornos paroxísticos relacionados con el sueño que, con más frecuencia, se confunden con crisis epilépticas.
La clasificación vigente de los trastornos del sueño divide éstos en cuatro grandes grupos:
1. Disomnias: incluye los problemas de excesiva somnolencia y los relacionados con el inicio o mantenimiento del sueño.
2. Parasomnias: fenómenos asociados con el despertar y la transición al sueño.
3. Alteraciones del sueño asociadas a problemas médicos y psiquiátricos.
4. Trastornos del sueño propuestos.
La clasificación recoge, esencialmente, los trastornos del sueño del adulto. Los trastornos del sueño pediátricos tienen las suficientes características diferenciales como para merecer una clasificación propia, internacionalmente aceptada, de la que actualmente carecemos.
El diagnóstico es fácil en muchas ocasiones y sólo es necesaria la historia clínica. En otras ocasiones el diagnóstico es más complejo y es preciso el apoyo del especialista en neurología pediátrica, e incluso la valoración por parte de una unidad de patología del sueño. La prueba complementaria más simple es la grabación de los episodios en vídeo por la familia.
Algunos casos requieren un estudio neurofisiológico que puede incluir EEG, polisomnografía y vídeo-EEG.
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Título
del artículo: Trastornos paroxísticos motores no epilépticos
Tipo de contenido: Artículo Original
Autores: A. Camacho Salas, M. Floriach-Robert, I. García Morales y R. Simón de las Heras
Dentro de los trastornos paroxísticos no epilépticos (TPNE) de la edad pediátrica, los que se caracterizan por sus manifestaciones motoras constituyen un grupo heterogéneo. Se definen como movimientos bruscos, involuntarios, que pueden repetirse con cierta periodicidad, y que tienen su origen en diversas causas, la mayoría de las veces desconocidas. Su inicio y fin bruscos puede hacer que se confundan con crisis epilépticas. Es preciso conocerlos, pues la mayoría de ellos son de naturaleza benigna y su diagnóstico evita la instauración innecesaria de tratamiento anticomicial.
En todos los casos es esencial la anamnesis y la visualización del trastorno motor para una correcta identificación del mismo. Los principales TPNE motores que hay que diferenciar de las crisis comiciales se recogen en la tabla I.
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Título
del artículo: Miscelánea: otros trastornos paroxísticos no epilépticos
Tipo de contenido: Artículo Original
Autores: I. García Morales, L. Galán Dávila, G. Parrilla Reverter y F. Mateos Beato
Consiste en ataques de vértigo repentinos, sin una causa que los desencadene, que duran pocos minutos y que habitualmente recurren con el paso del tiempo. Afecta por igual a ambos sexos, aparece entre el primer y el quinto año de vida y desaparece espontáneamente antes del sexto año.
Los ataques se caracterizan por un súbito desequilibrio asociado a cortejo vegetativo con náuseas, vómitos, palidez o sudación. Si los padres son observadores pueden apreciar nistagmo. Los niños están perfectamente conscientes y refieren que no pueden caminar porque están mareados, tienen la sensación de que la habitación gira, el suelo se mueve o las paredes se caen. Se muestran atemorizados, en ocasiones lloran, y suelen buscar apoyo en personas próximas. La marcha es inestable pudiendo llegar a caerse. Durante el episodio el niño tiende a permanecer tendido en el suelo o en la cama evitando cualquier movimiento.
Los ataques pueden repetirse varias veces al mes y desaparecen espontáneamente con el paso de los años.
Fuera de los episodios la exploración neurológica es normal aunque ocasionalmente puede observarse nistagmo y las pruebas calóricas vestibulares pueden estar alteradas. Se puede plantear el diagnóstico diferencial con las excepcionales crisis vertiginosas de origen epiléptico (temporal) pero la presencia de una clínica vestibular florida, la ausencia de otros síntomas, la preservación de la conciencia y la normalidad del EEG permiten su diferenciación.
El diagnóstico es sencillo cuando ya han ocurrido múltiples episodios, pero hay que despistar otras causas más frecuentes de vértigo periférico infantil, especialmente en el primer ataque. Se ha planteado la relación del vértigo paroxístico benigno con la migraña; quizá pudiera constituir un equivalente migrañoso del niño pequeño.
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