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| ALTERACIONES DE LA IMAGEN CORPORAL: ANOREXIA,VIGOREXIA, BULIMIA,DISMORFOFOBIA Y CUADROS RELACIONADOS |

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Título
de la revista/monografía: ALTERACIONES DE LA IMAGEN CORPORAL: ANOREXIA,VIGOREXIA, BULIMIA,DISMORFOFOBIA Y CUADROS RELACIONADOS
Coordinador
del la monografía: I. de la Serna de Pedro
Número/fecha:
Nº2 AÑO XVI Abril_Junio 2004
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Título
del artículo: Introducción: alteraciones de la imagen corporal
Tipo de contenido: Artículo Original
Autores: I. de la Serna de Pedro
Introducción
La preocupación anómala por la imagen corporal no es exclusiva
de nuestros días. La historia y la cultura de los pueblos
nos enseñan que forma parte de la humanidad. Sólo de esta manera
se pueden entender prácticas aparentemente bárbaras en
diversos grupos poblacionales, que nosotros observamos con la
distancia de personas civilizadas. Las elongaciones o aplastamientos
craneales observados en culturas precolombinas, las
atrofias en los pies de mujeres de Extremo Oriente consecuencia
del vendado a que se les sometía desde la más tierna infancia,
los largos cuellos de jirafa de determinadas tribus de África
o las elongaciones de orejas o labios, hacían más bellas a estas
personas que ahora nos parecen deformes o monstruosas.
Aunque la atención a la apariencia y la figura ha existido
siempre, en los últimos tiempos alcanza proporciones sin precedentes.
En nuestros días, la preocupación por el cuerpo, por
el aspecto exterior o por alcanzar los vigentes cánones de belleza,
mueve enormes cantidades de dinero, provoca ingente
número de artículos periodísticos y de programas en medios audiovisuales,
atrae la atención del público y ocasiona severas repercusiones
sobre la salud. Genera una patología muy variada y
frecuente que pone en peligro la vida de las personas, y consume
muchos recursos públicos o privados en países similares al
nuestro con enormes gastos directos, indirectos e intangibles.
Existe un creciente interés por la dietética, la salud y el deporte
en contraste con la vida sedentaria y la mala alimentación que
se sigue. Se extienden conductas extravagantes como la ortorexia
(alimentos puros o correctos), exageración de las dietas
naturistas que pueden repercutir en la salud, u otras desviaciones
similares que preparan el terreno para desembocar en un
trastorno de la conducta alimentaria (TCA). Al tiempo que se
incrementa el sedentarismo, para compensar, se crean actividades
físicas artificiales acudiendo a los gimnasios. El ejercicio,
así, puede tomarse como diversión para llenar el ocio, considerarse
indispensable para mantenerse en forma mens sana in
corpore sano, o alcanzar dimensiones patológicas.
Las alteraciones en el esquema corporal han dado lugar a
cuadros clínicos de diversa naturaleza, físicos y psíquicos, unos
perfectamente identificados e integrados en las clasificaciones
de las enfermedades mentales, y otros de ubicación oscura o
aún no reconocidos como tales, que plantean dudas acerca de
donde situarlos en el marco de la nosología.
En este contexto, un problema importante es el concepto de
Alteración del esquema corporal. La imagen corporal es un
constructo (concepto) complejo, integrado por percepciones,
creencias, pensamientos o actitudes hacia el cuerpo, pero también
por las experiencias y sentimientos que el cuerpo produce
y las conductas relacionadas. Se intenta la conceptualización de
la llamada imagen corporal utilizando medidas apropiadas en
contextos específicos1. El constructo de la imagen corporal es
multidimensional con varios componentes mensurables y con
aspectos cognitivos, afectivos, emocionales, conductuales, de
satisfacción subjetiva, perceptuales o de actitud hacia el cuerpo2,
3. La propia percepción del cuerpo y la estimación del tamaño
refleja factores cognitivos y de actitud4, 5. Los aspectos
cognitivos valoran las condiciones físicas integrándolas en una
unidad y el componente emocional, por su parte, incorpora el
grado de satisfacción e insatisfacción en relación a la representación
mental, la emoción ligada al cuerpo. La satisfacción con
la apariencia y la preocupación por ella nos habla de lo importante
que es para el individuo desde el punto de vista psicológico.
Sin embargo, la dimensión de la internalización de los estándares
sociales, de ser atractivo o bello, resulta diferente
como estado o rasgo, según sea temporal o permanente.
La distorsión acerca de la propia imagen es relativamente
frecuente, pero depende del grado y repercusión en otras áreas
de la vida para que adquiera una dimensión patológica; existe
dificultad para establecer el punto de corte entre lo normal y lo
anómalo, y por eso resulta necesario fijar criterios diagnósticos
y una definición operativa clara6.
El ideal de belleza y su significación va cambiando a lo
largo de la historia. En algunos grupos intelectuales, la preocupación
excesiva por la musculatura, la forma corporal o el deporte
se veían antes como propio de personas menos interesantes,
de escasa inteligencia o con poca atención hacia los valores
intelectuales. Ahora, la musculatura se asocia con vigor y salud
y se aleja de la estética de la época romántica -delgados y pálidos-,
o del cuerpo de perfección clásica. |
Título
del artículo: Anorexia y vigorexia
Tipo de contenido: Artículo Original
Autores: I. de la Serna de Pedro
Introducción
Los medios de comunicación audiovisual a través de películas,
publicidad o TV, relacionan la felicidad con la imagen del
cuerpo, asociando hermosura, bienestar y salud. Modelos, deportistas,
actores y personas con imagen pública transmiten este
mensaje; es una especie de salvación o redención individual a
través del físico tan extendida que se habla de epidemia de culto
al cuerpo.
El cuerpo se convierte en el referente más importante de la
propia identidad que homogeneiza valores a falta de otros de diferente
naturaleza. Se asocia con felicidad, éxito, estatus social
y autoestima, y la relación de autoestima con imagen corporal
es motivo y fuente de angustia. El deseo de alcanzar el modelo
ideal y la imposibilidad de lograrlo provoca un conflicto entre
lo ideal y lo real. Además, la introyección de este valor se produce
en edades muy tempranas, cuando las personas están aún
en proceso de formación y desarrollo. Ya en la niñez, con muy
pocos años, 5-7-9, se internaliza el concepto positivo de la delgadez
frente a la gordura1-4. En niños de 7-9 años, en proporción
elevada, existe una preocupación excesiva por la propia imagen
corporal y el deseo de delgadez5, 6.
El autoconcepto, percepción del individuo sobre sí mismo,
incluye valoraciones y juicios que repercuten en su conducta. El
cuerpo adquiere tanto peso en esta autovaloración que se concibe
como un proyecto y como un objetivo personal relacionado
con dominio y poder. La preocupación por la imagen en sus
facetas cognitivas, emocionales y preceptúales, resulta sobredimensionada7.
El cuerpo es modulado, transformado; se practican
cirugías múltiples, se busca el cambio de imagen (Cher, Michel
Jackson), se sobrevalora, en suma, el cuerpo y el
autocuidado, se intenta un control absoluto y se sufre la tiranía
del mismo: todo para el cuerpo. Sólo así se conciben las multicirugías,
las multiintervenciones y el pánico al efecto natural de
los años. Se pueden producir situaciones de permanente insatisfacción
tras diversas cirugías para modificar aspectos del cuerpo
que no son suficientemente estudiadas por dermatólogos,
OTR, o cirujanos plásticos. Por eso se recomienda realizar una
valoración psicológica previa a la intervención restauradora
para evitar los elevados grados de insatisfacción8. Se comprueba
que si las expectativas de cambio se centran más en uno
mismo (ganar autoestima, sentirse mejor) es más probable que
queden satisfechos con estas intervenciones plásticas en lugar
de si centran las expectativas en objetivos exteriores (conseguir
un trabajo, mejorar las relaciones sociales, encontrar una pareja)
9, 10. Se transmite la imagen deseable de cuerpos esbeltos en
la mujer y musculados en el hombre11; ya desde la infancia se
interiorizan estos modelos estereotipados a través de juguetes y
muñecas, y la evolución se refleja en esos mismos juguetes que
van cambiado con el tiempo12, 13.
Los adolescentes resultan especialmente vulnerables a estos
mensajes porque aún no han integrado sus creencias acerca de
apariencia, valores, y aspectos culturales y cognitivos14. Tener
una apariencia física intachable se ha convertido en uno de los
objetivos en la sociedad desarrollada. Es una meta impuesta en
la que, como se ha señalado, se mezcla salud, felicidad, éxito,
belleza y cuerpo perfecto. Recurrir al ejercicio físico, una actividad
habitual de mantenimiento, puede derivar en una práctica
inadecuada o excesiva.
Los hombres que practican mucho deporte suelen tener un
nivel elevado de satisfacción corporal porque buscan incrementar
musculatura- lo que no ocurre en las mujeres que buscan
más perder peso15. Lo hombres insatisfechos con su cuerpo
desean incrementar la masa muscular sin aumentar la grasa16-19;
ellos centran más su preocupación en masa muscular y pelo, y
las mujeres en la figura20, 21.
Anorexia y vigorexia presentan distorsiones cognitivas
sobre la percepción de la forma y la imagen del cuerpo. El autoconcepto
físico negativo se considera un síntoma clave de
forma que tener sentimientos negativos hacia el propio cuerpo
es predictor máximo para sufrir estos cuadros5, 6, 22. Este trabajo
se referirá a la influencia que las modificaciones en la percepción
del esquema corporal ejerce en la presentación de diversos
procesos patológicos, la interrelación de la anorexia nerviosa en
mujer y hombre con la vigorexia, así como de las similitudes y
diferencias.
Trastornos étnicos o culturales
Se podrían considerar la anorexia y la vigorexia como trastornos
culturales o como trastornos étnicos en el sentido adjudicado
por el psicoanalista y antropólogo Devereux23. Este |
Título
del artículo: Bulimia y obesidad
Tipo de contenido: Artículo Original
Autores: C. Delgado Calvete, C. Rodríguez del Toro, M. Calado Otero
Introducción
El concepto de esquema corporal se desarrolló inicialmente
asociado a formas neuropatológicas de experiencia corporal
como el miembro fantasma o la anosognosia. En la actualidad
el término manejado con más frecuencia es el de imagen corporal
y el foco de atención sobre él se encuentra centrado en los
trastornos de la alimentación.
Bruch1 relaciona la existencia de una insatisfacción con la
imagen corporal y una distorsión de ésta como consecuencia de
la Anorexia Nerviosa, pero son Garner y Garfinkel2 quienes diferencian
en las alteraciones de la imagen corporal entre un
nivel cognitivo con un componente afectivo de insatisfacción
con el propio cuerpo o con partes de éste y otro componente
perceptivo, donde se sobreestima el tamaño del propio cuerpo.
Desde entonces el concepto de imagen corporal se ha ido desarrollando
a lo largo de los últimos años definiéndose como una
experiencia psicológica de la corporalidad constituida por múltiples
facetas, especialmente, pero no exclusivamente por la
apariencia corporal propia3. Engloba auto-percepciones y
auto-actitudes relacionadas con el cuerpo, incluyendo creencias,
sentimientos y conductas.
La insatisfacción corporal y la percepción de uno mismo
como gordo junto con otros comportamientos alimentarios
(dieta) son características ampliamente prevalentes en las mujeres.
Estos síntomas afectan desde mujeres normales sin trastorno
alimentario hasta mujeres con trastornos alimentarios. Se
podría hablar de un descontento normativo4 de las mujeres
con sus cuerpos. Atendiendo a los trabajos que se han llevado a
cabo en España se ha encontrado que la gran mayoría de las
mujeres quieren pesar menos aunque presenten un peso normal5-
9 y que las chicas muestran mayor insatisfacción corporal
que los chicos6, 7, 10, 11.
Obesidad y bulimia nerviosa muestran una consideración
diferente desde el punto de vista de la psiquiatría. Mientras que
la primera no se incluye dentro de las clasificaciones psiquiátricas
actuales, la segunda aparece claramente ubicada en el
apartado de trastornos de alimentación, si bien diversos autores12,
13 defienden la idea de un continuum que se extendería
desde la Anorexia Restrictiva pura a la Obesidad sin ataques de
Bulimia. Ambos cuadros presentan un elemento intermedio en
común que constituye el Trastorno por Atracón14, 15 (incluido en
el DSM-IV en el apartado de categorías propuestas, con sus correspondientes
criterios diagnósticos) que se presenta en individuos
obesos con episodios de atracones pero sin el requerimiento
de conductas compensatorias que si aparece en el caso
de la bulimia nerviosa.
El objetivo de este artículo es realizar una revisión sobre las
alteraciones de la imagen corporal registradas en casos de obesidad
y bulimia nerviosa.
Alteraciones de la imagen corporal
en la obesidad
La obesidad constituye la forma más frecuente de malnutrición
en los países civilizados, condicionando un estado de salud
del individuo que influye negativamente en su organismo. Se
han manejado diferentes medidas para valorar el grado de nutrición,
y en función de ellas varía la definición de un sujeto
como obeso. En la actualidad el indicador más ampliamente utilizado
es el índice de Quetelet o índice de masa corporal
(I.M.C.), que se define como IMC= peso (en Kg.)/talla2 (en m.).
De acuerdo con ese índice, se habla de sobrepeso con un IMC
entre 25 y 29,9, de obesidad con un IMC>30 y de obesidad
mórbida con un IMC>40. Los datos más fiables sobre la prevalencia
de obesidad en nuestro país nos los ofrece el estudio
SEEDO 9716 realizado con 5388 individuos entre 25 y 60 años
que muestra una prevalencia global del 13,4% (11,5% en hombres
y 15,3% en mujeres), mientras que la de la obesidad mórbida
la sitúa en un 0,5% (0,4% en hombres y 0,75% en mujeres).
Además de su frecuencia actual en valores absolutos, hay
que tener en cuenta su tendencia a aumentar en los últimos
años17. La obesidad se encuentra ausente de las clasificaciones
psiquiátricas, pero el aumento de su frecuencia y la gravedad de
los problemas que lleva asociados condiciona un abordaje multidisciplinar
de la misma, incluyendo de forma relevante sus aspectos
psicológicos y psiquiátricos.
El obeso vive inmerso en una sociedad en que se prima
como ideal de belleza la delgadez, como refleja de forma anecdótica
un reciente artículo del BMJ18 en que se recoge la reducción
de las medidas de las modelos aparecidas en las páginas
centrales de Playboy a lo largo de 49 años. |
Título
del artículo: Dismorfofobia
Tipo de contenido: Artículo Original
Autores: E. García-Camba de la Muela
Introducción
La preocupación por la imagen corporal ha aumentado
mucho en los últimos años tanto en hombres como en mujeres.
Nuestra sociedad da una gran importancia a la apariencia
y los medios de comunicación se encargan de reforzar
sistemáticamente el mensaje de que lo bello
triunfa. El liderazgo que ejercen sobre sectores de la población
los modelos y actrices o actores de moda, junto
con la existencia de determinados estereotipos físicos
considerados deseables, ha condicionado una gran demanda
de tratamientos dirigidos a modificador el cuerpo
(cirugía estética, cirugía bariátrica, liposucción, implantes,
cirugía ortognática, etc) que en muchos casos se plantean
como solución a problemas existenciales y vivenciales
y como salvoconducto de acceso al éxito relacional.
Todo ello ha provocado un importante aumento de las
intervenciones médicas y quirúrgicas de carácter estético,
cuya búsqueda adquiere en algunos casos características
obsesivas o de adicción1. Esta forma de consumismo cosmético,
estimulado muy frecuentemente por métodos de
propaganda agresivos y en ocasiones engañosos, tiene una
dimensión psicopatológica que es necesario conocer y detectar.
Si la influencia de aspectos tan dispares como las emociones
y la moda puede influir sobre la percepción real de
la propia imagen en individuos normales, más aún lo hará
en individuos con mayor vulnerabilidad psicológica en
este sentido, la cual suele acompañarse de una excesiva
preocupación por el aspecto corporal. Por otra parte, estas
personas tienden a mostrar expectativas irreales sobre los
resultados del tratamiento estético y, en ellos, un abordaje
exclusivamente quirúrgico puede agravar la situación de
base y condicionar una evolución desfavorable
La dismorfofobia o Trastorno dismórfico corporal
(TDC), que se define como una preocupación persistente
y excesiva por un defecto físico imaginario, afecta tanto a
hombres como a mujeres y parece ser más frecuente de lo
que se ha venido considerando.
Aunque existen pocos estudios epidemiológicos, se
han referido cifras del 0.7% en población general femenina2.
No existen estudios similares en población general
masculina. Sin embargo, la impresión actual es que el
TDC se infradiagnostica, ya que se han citado prevalencias
del 12% y del 7-15% en consultas de dermatología y
de cirugía estética respectivamente3 y del 13% en pacientes
ingresados en una unidad de psiquiatría4.
Aunque los síntomas de TDC podrían parecer triviales,
algunos trabajos han puesto de manifiesto que una alta
proporción de estos pacientes requieren ingreso hospitalario
por intento de suicidio5. Concretamente en un estudio
sobre pacientes dermatológicos que habían realizado tentativas
de suicidio, se comprobó que un porcentaje significativo
tenían problemas de TDC6.
Asimismo, el TDC produce una disminución del rendimiento
psicosocial del paciente y puede conducir a situaciones
de aislamiento social y problemas laborales con
riesgo de desempleo2,7
Aspectos históricos. Clasificación
Los aspectos históricos de la dismorfofobia han sido
revisados por Berrios8 según el cual, desde que el ser humano
tuvo conciencia de sí mismo, ha sufrido temores
poco realistas o infundados sobre su propia deformidad o
fealdad. De hecho las investigaciones antropológicas y la
historia han puesto de manifiesto la importancia estética
y simbólica que el ser humano ha dado a su cuerpo desde
los tiempos más remotos.
El término de dismorfofobia, acuñado por Morselli
en el siglo XIX, encuentra sus raíces en Dismorfia, la
mujer más fea de Esparta. Este autor describía la dismorfofobia
como una idea obsesiva y desoladora, de
deformidad corporal y la clasificó como una paranoia
rudimentaria o monomanía abortiva que afectaba de
forma primaria o secundaria a la integridad del individuo.
Durante los últimos años del siglo XIX y primeros
del XX varios autores medio europeos abordan el problema
de la fealdad y sus consecuencias. |
Título
del artículo: Alteración de la percepción de la imagen corporal en el deporte
Tipo de contenido: Artículo Original
Autores: N. Palacios Gil-Antuñano, L. Sainz Fernández y E. Heras Gómez
Introducción
La alteración de la percepción de la imagen corporal
puede dar lugar a un amplio espectro de desordenes en la
conducta alimentaria dañinos para la salud, encaminados
a perder peso y conseguir una apariencia más delgada.
Dentro de estos desordenes, la anorexia y la bulimia
nerviosas son las entidades diagnósticas más importantes
y mejor delimitadas, pero existen otros trastornos del
comportamiento más leves, o menos específicos, que
afectan a un porcentaje elevado de individuos (especialmente
del sexo femenino) y que se ponen de relieve por
la existencia de una preocupación excesiva por el control
del peso y una distorsión en la percepción de la imagen
corporal1,2.
En las últimas décadas se han producido dos hechos
que han coincidido en el tiempo:
Un aumento en el número de mujeres que realizan actividad
física intensa y deporte de competición.
Un incremento en la incidencia de alteraciones del
comportamiento alimentario.
Ambos puntos tienen nexos en común, compartiendo
la preocupación por el peso, y la realización de dietas específicas
y de ejercicio físico intenso, por lo que no resulta
sorprendente que se haya empezado a discutir la posible
relación entre ambos.
Imagen corporal y ejercicio físico
Los deportistas constituyen una población especial en
lo que se refiere a la alteración en la percepción de su
imagen corporal. Diversos estudios3,4,5 han mostrado que
pueden presentar un mayor riesgo para el desarrollo de
trastornos en la conducta alimentaria debido al propio
ambiente deportivo, que llega no solo a precipitar este
tipo de desorden en una persona predispuesta (o exacerbar
algún síntoma ya existente) sino que incluso lo legitima.
Para Sundgot-Borgen6 los indicios y signos de estas
alteraciones en los deportistas de elite de algunas disciplinas
determinadas a menudo son ignorados y llegan a
ser considerados como algo natural.
El énfasis en la consecución de un cuerpo libre de
grasa y la aceptación de la necesidad de realizar un ejercicio
físico excesivo en el mundo del deporte de alta
competición, pueden hacer que un desorden de la alimentación
ya presente sea más difícil de diagnosticar y
consecuentemente de tratar7.
Por otra parte, las alteraciones en el comportamiento
alimentario pueden perjudicar el rendimiento deportivo y
aumentar el riesgo de lesiones. La reducción de la ingesta
calórica unida al desequilibrio hidroelectrolítico que ocurre
en muchos casos, van a producir tanto una disminución
de la fuerza, como de la resistencia, velocidad, tiempo
de reacción y nivel de concentración del deportista.
Durante algún tiempo puede no manifestarse un descenso
en el rendimiento, debido a la capacidad inicial de adaptación
del organismo a estos cambios, y los deportistas
creen, equivocadamente, que estas práctica son inofensivas.
La restricción en la ingesta calórica y las conductas
purgativas también pueden dar lugar a alteraciones psicológicas,
desarreglos menstruales, y pérdida de hueso (tríada
de la mujer deportista), y otras complicaciones médicas
que incluyen cambios en los sistemas endocrino,
gastrointestinal, cardiovascular y termorregulador, siendo
algunas de estas alteraciones potencialmente mortales. |
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