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Neoplasias con diferenciación sebácea


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Título de la revista/monografía: Neoplasias con diferenciación sebácea
Coordinador del la monografía: L. Requena
Número/fecha: 04-02
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Artículos (Resúmenes e Introducciones)
Título del artículo: Embriología, anatomía, histología y fisiología de las glándulas sebáceas
Tipo de contenido: Artículo Original
Autores: L. Requena y C. Requena

El desarrollo embriológico de la glándula sebácea está íntimamente ligado al desarrollo de los otros dos componentes de la unidad folículo- sebáceo-apocrina, es decir, el folículo piloso y la glándula apocrina. Aproximadamente a las 14 semanas del desarrollo embriológico se observan tres abultamientos en uno de los bordes del folículo piloso primitivo que, de arriba abajo, representan los primeros esbozos de la futura glándula apocrina, la futura glándula sebácea y el punto de inserción del músculo erector del pelo en el folículo. En fases posteriores, las células del abultamiento en situación intermedia entre el esbozo de la futura glándula apocrina por arriba y el punto de inserción del músculo erector del pelo por abajo comienzan a mostrar los primeros signos de diferenciación sebácea, que consisten en la aparición de vacuolas en el citoplasma de las células germinativas.A medida que el número de vacuolas aumenta en el citoplasma, van protuyendo contra la membrana nuclear, lo que determina que el contorno del núcleo de estos sebocitos primitivos adquiera una morfología estrellada o espiculada.
Una glándula sebácea normal está constituida por lóbulos sebáceos y por el conducto sebáceo. Cada lóbulo sebáceo está formado por un grupo de sebocitos que muestran una secreción holocrina, es decir, la secreción es la totalidad de la célula disgregada, mientras que el conducto sebáceo es el canal que conecta uno o más lóbulos sebáceos a la base del infundíbulo folicular. Cada lóbulo sebáceo está constituido por una hilera periférica de células germinativas y varias capas de sebocitos maduros.A medida que las células sebáceas maduras se acercan al centro del cuello del lóbulo sebáceo, los sebocitos se desintegran. Este proceso de secreción sebácea, con desintegración de los sebocitos en el conducto sebáceo, se conoce como secreción holocrina. Esta secreción sebácea es liberada en el conducto sebáceo primero y en el infundíbulo folicular después rodeada de una envoltura resultante de la queratinización del conducto sebáceo, que se denomina sebolema. El conducto sebáceo es un corto canal que conecta los lóbulos sebáceos con el infundíbulo folicular. Este conducto está delimitado por epitelio escamoso estratificado cuyas células muestran una queratinización gradual a medida que se aproximan a la luz del conducto sebáceo, dando lugar a una capa córnea con morfología de cutícula eosinófila y homogénea, que constituye el sebolema. Es característico que la cutícula del conducto sebáceo o sebolema muestre un contorno serrado o espiculado, con espículas protuyendo hacia la luz del conducto.
Parece ser que la glándula sebácea tiene también un ciclo, similar al del folículo piloso, pasando por una fase de crecimiento, otra de involución y otra de reposo. En la fase de reposo, la glándula sebácea está representada por unos cordones de células indiferenciadas que rodean el folículo piloso como una capa corta y que por este motivo han recibido el nombre de manto. A medida que las células del manto comienzan a madurar, se inicia la fase de crecimiento o desarrollo de los lóbulos sebáceos, en la que se observa la aparición de sebocitos inmaduros en el espesor de los cordones epiteliales del manto.A medida que las células del manto maduran, aparecen grupos de sebocitos maduros para constituir el lóbulo y el conducto sebáceo. Después de una fase de estado, que parece ser que en la mayoría de las glándulas sebáceas dura varios años y en la cual la glándula permanece con la morfología de una glándula sebácea completamente desarrollada, tiene lugar una fase de involución, en la que los lóbulos sebáceos regresan transformándose de nuevo en cordones de células indiferenciadas del manto.
Título del artículo: Criterios histopatológicos de diferenciación sebácea
Tipo de contenido: Artículo Original
Autores: L. Requena y C. Requena

Para poder afirmar que una neoplasia muestra signos histopatológicos de diferenciación sebácea debemos observar en esa neoplasia sebocitos, conductos sebáceos, sebo o sebolema. Los sebocitos son células epiteliales con su citoplasma repleto de vacuolas lipídicas y un núcleo de contorno espiculado, debido a que las vacuolas citoplasmáticas protruyen sobre la membrana nuclear. En contraste con la glándula sebácea normal, en la que se observa una sola hilera de células germinativas en la periferia y la hilera siguiente ya está constituida por sebocitos completamente maduros, en las neoplasias sebáceas se observa un retardo madurativo, con varias hileras de sebocitos en estadios intermedios de maduración o sebocitos inmaduros entre la hilera germinativa de la periferia y los sebocitos completamente maduros del centro. La secreción de las glándulas sebáceas es holocrina, es decir, son los sebocitos fragmentados los que se segregan, disgregándose su núcleo y citoplasma. El conducto sebáceo es el conducto que comunica el cuello de los lóbulos sebáceos con la base del infundíbulo folicular. En su extremo proximal, que es el que conecta con el lóbulo sebáceo, este conducto está tapizado por al menos dos hileras de células aplanadas con su núcleo dispuesto paralelamente a la luz del conducto. El conducto sebáceo se queratiniza dando lugar a una capa córnea que tapiza la luz del conducto y que aparece como una cutícula eosinófila delgada constituida por corneocitos ortoqueratósicos firmemente adheridos y formando una membrana compacta, que en su borde luminal muestra un contorno ondulado o serrado, con espículas protuyendo hacia la luz. Esta capa córnea constituye el sebolema o vaina del sebo.A medida que el conducto se aproxima a la base del infundíbulo folicular, se empiezan a observar gránulos de queratohialina inmediatamente debajo de la cutícula, y en estas áreas distales, el conducto sebáceo está constituido por queratinocitos indistinguibles de los del infundíbulo. En general, las neoplasias benignas con diferenciación sebácea muestran abundantes sebocitos con grado avanzado de diferenciación, numerosos conductos tapizados por una cutícula eosinófila de borde serrado, sebo y sebolema. En contraste, en las neoplasias malignas con diferenciación sebácea, las células neoplásicas con apariencia de sebocitos son poco evidentes, ya que sólo alguna de ellas muestra indicios de vacuolización citoplasmática o el núcleo de contorno espiculado, las formaciones ductales son escasas y recuerdan sólo muy lejanamente el conducto de la glándula sebácea normal y existe escasez de sebo y sebolema.
Título del artículo: Clasificación de las proliferaciones con diferenciación sebácea
Tipo de contenido: Artículo Original
Autores: L. Requena y C. Requena

Uno de los mayores problemas que plantea la clasificación de las proliferaciones con diferenciación sebácea es la nomenclatura, ya que, en la literatura, la misma neoplasia ha sido denominada con nombres diferentes de unos autores a otros. Muchas de estas denominaciones son ilógicas o incorrectas y se prestan a confusión unas con otras. Por ejemplo, el término de epitelioma sebáceo ha sido utilizado por algunos autores para denominar neoplasias benignas con diferenciación sebácea mayoritariamente constituidas por células sebáceas germinativas, mientras que otros autores utilizan esta misma denominación para nombrar el carcinoma basocelular con diferenciación sebácea. En nuestra opinión, si excluimos la hiperplasia sebácea, que probablemente es más una neoplasia benigna que una hiperplasia, sólo existe una auténtica neoplasia benigna con diferenciación sebácea. Nosotros, a diferencia de otros autores, no hemos observado una relación entre el grado de diferenciación sebácea, la arquitectura de la neoplasia y la situación superficial o profunda de la misma en la dermis, y pensamos que el adenoma sebáceo y el sebaceoma son diferentes expresiones en grado de diferenciación de una misma neoplasia. Como esta neoplasia deriva de células germinativas sebáceas, que son las equivalentes a las células matriciales del folículo piloso, utilizamos el término genérico de sebomatricoma para denominar todas las neoplasias benignas con diferenciación sebácea. Nosotros clasificamos las proliferaciones con diferenciación sebácea en las siguientes categorías: 1. Glándulas sebáceas ectópicas, que incluyen la condición de Fordyce y los corpúsculos de Montgomery; 2. Hamartomas sebáceos, donde incluimos el nevo de Jadassohn, el esteatocistoma, el hamartoma quístico folículo-sebáceo o sebofoliculoma, el fibrofoliculoma y el tricodiscoma; 3. Hiperplasias sebáceas, que comprende la hiperplasia sebácea y rinofima, la verruga vulgar con diferenciación sebácea y inducción sebácea en dermatofibromas; 4. Neoplasias benignas con diferenciación sebácea, en las que incluimos el sebomatricoma, la queratosis seborreica con diferenciación sebácea, el acantoma reticulado con diferenciación sebácea y neoplasias combinando diferenciación sebácea y apocrina; 5. Neoplasias malignas con diferenciación sebácea, que comprende el carcinoma basocelular con diferenciación sebácea y el carcinoma sebáceo, y 6. El síndrome de Muir-Torre.
Título del artículo: Líneas arrosariadas yuxtaclaviculares
Tipo de contenido: Artículo Original
Autores: L. Requena y C. Requena

Las líneas arrosariadas yuxtaclaviculares consisten en pequeñas pápulas amarillentas, hemisféricas y de superficie lisa agrupadas siguiendo trayectos lineales en las superficies laterales del cuello y la región clavicular. Estas líneas siguen las líneas de tensión de la piel. Los estudios histopatológicos de estas lesiones han descrito glándulas sebáceas hiperplásicas o situadas demasiado superficialmente en la dermis. En nuestra experiencia, las biopsias de estas lesiones no muestran ninguna anomalía estructural o posicional de las glándulas sebáceas, y nosotros consideramos que las denominadas líneas arrosariadas yuxtaclaviculares constituyen un proceso muy frecuente, que no corresponde ni a una hiperplasia ni a una malformación de las glándulas sebáceas, sino que representan una variante de la normalidad de la piel del cuello y la región preesternal.
Título del artículo: Glándulas sebáceas ectópicas: condición de Fordyce y corpúsculos de Montgomery
Tipo de contenido: Artículo Original
Autores: L. Requena y C. Requena

Las glándulas sebáceas situadas en la mucosa bucal constituyen la condición de Fordyce, mientras que las de la areola mamaria se conocen como corpúsculos de Montgomery. Se considera que estas lesiones son el resultado de glándulas sebáceas situadas ectópicamente, porque muchas personas normales no tienen glándulas sebáceas en estas localizaciones. Las lesiones de la condición de Fordyce aparecen como pequeñas pápulas amarillentas, hemisféricas y de superficie lisa, de 1-2 mm de diámetro, agrupadas a lo largo de la mucosa de los labios superior e inferior, el borde libre de ambos labios, así como en la vecindad de la comisura labial.
Histopatológicamente, cada una de las pápulas que constituyen la condición de Fordyce considerada individualmente está formada por uno o varios lóbulos sebáceos completamente desarrollados. Estos lóbulos están situados superficialmente en el corion de la mucosa bucal, cerca del epitelio, y realizando cortes seriados es posible demostrar la conexión de estos lóbulos con un infundíbulo folicular a través de un corto y estrecho conducto sebáceo. Los corpúsculos de Montgomery consisten en pequeñas pápulas amarillentas dispuestas en círculo en la areola mamaria de las mujeres, cerca del borde periférico de la areola.Histológicamente, las glándulas sebáceas que constituyen los corpúsculos de Montgomery muestran una morfología similar a la de las glándulas sebáceas normales, observándose varios lóbulos sebáceos constituidos por sebocitos maduros, que conectan con un infundíbulo folicular a través de un conducto sebáceo. A veces, realizando cortes seriados de estos corpúsculos de Montgomery, se demuestra el segmento inferior del folículo en cuyo infundíbulo desembocan las glándulas sebáceas, pero otras veces sólo está presente el infundíbulo. En ocasiones, también se observa un conducto galactóforo desembocando en este infundíbulo.
Tanto la condición de Fordyce como los corpúsculos de Montgomery son dos procesos muy frecuentes que pueden considerarse más como variantes de la normalidad que como entidades patológicas.
Título del artículo: Esteatocistoma
Tipo de contenido: Artículo Original
Autores: L. Requena y C. Requena

El esteatocistoma es un hamartoma quístico constituido por elementos epiteliales y mesenquimales. Los componentes epiteliales están representados por lóbulos y conductos sebáceos, folículos pilosos vellosos y, a veces, elementos apocrinos. El componente mesenquimal de este hamartoma sólo está presente en algunas lesiones y está representado por fibras musculares lisas del músculo erector del pelo. Existen dos formas clínicas de esteatocistoma: el esteatocistoma simple, que consiste en un esteatocistoma solitario, y el esteatocistoma múltiple, que se caracteriza por la presencia de numerosas lesiones salpicadas por distintas áreas de la superficie corporal. A veces, los esteatocistoma múltiples se heredan con carácter autosómico dominante. Clínicamente, tanto en la forma solitaria como en la múltiple, las lesiones consisten en pápulas amarillentas o pequeños quistes salpicados por la cara, el cuello, la pared anterior del tórax o del abdomen. Desde el punto de vista histopatológico, el esteatocistoma simple y el esteatocistoma múltiple son indistinguibles. La lesión consiste en una cavidad quística, tapizada por un epitelio escamoso, que queratiniza de manera similar a como lo hace el conducto sebáceo normal, dando lugar a una capa córnea en forma de cutícula eosinófila de contorno serrado. Con frecuencia, en el espesor del epitelio que tapiza la cavidad quística se observan lóbulos de sebocitos maduros. El contenido del quiste está representado por corneocitos descamados, sebo y tallos de pelos vellosos cortados longitudinal o transversalmente. Como componentes de este hamartoma quístico, con frecuencia se observan también folículos vellosos conectados a la pared del quiste, glándulas y conductos apocrinos y fibras del músculo erector del pelo en la periferia. Las lesiones descritas como quistes vellosos eruptivos corresponden en realidad a esteatocistomas en los que el contenido del quiste comprime la pared y no se observa la cutícula de contorno serrado, no existen lóbulos sebáceos en la pared del quiste y se observan abundantes tallos pilosos en el interior de la cavidad quística. Sin embargo, cortes seriados de estos aparentes quistes vellosos con frecuencia demuestran focos en los que el epitelio de la pared del quiste muestra todas las características del esteatocistoma.
Título del artículo: Hamartoma quístico folículo-sebáceo (sebofoliculoma)
Tipo de contenido: Artículo Original
Autores: L. Requena y C. Requena

La lesión descrita en este capítulo como hamartoma quístico folículo- sebáceo ha recibido diversas denominaciones en la literatura, incluyendo las de quiste dermoide y tricofoliculoma sebáceo, aunque parece ser que el término de hamartoma quístico folículo-sebáceo ha ganado adeptos en los últimos años. Clínicamente, las lesiones de este hamartoma aparecen en la cara de personas adultas, y la localización más frecuente es el dorso de la nariz. En todos los casos descritos se trataba de una lesión única con morfología de pápula o nódulo de apariencia quística. Histopatológicamente, la lesión consiste en una cavidad quística central, constituida por un infundíbulo dilatado del que emergen radialmente varios lóbulos sebáceos que están conectados a la cavidad quística central a través de un conducto sebáceo y estructuras infundibulares en miniatura. El estroma que rodea la cavidad quística central y los lóbulos sebáceos del hamartoma quístico folículo-sebáceo también es muy característico y está constituido por colágeno fibrilar dispuesto concéntricamente alrededor del quiste central y los lóbulos sebáceos y, en algunas áreas, se observa abundante mucina intersticial. Este estroma contiene también abundantes fibrocitos, vasos sanguíneos de tipo capilar, fibras nerviosas y con mucha frecuencia se observan grupos de adipocitos maduros. A diferencia del tricofoliculoma, nunca se observa el segmento inferior de folículos vellosos dispuestos radialmente y conectados con la cavidad quística central en las lesiones del hamartoma quístico folículo-sebáceo.
Título del artículo: Hiperplasia sebácea y rinofima
Tipo de contenido: Artículo Original
Autores: L. Requena y C. Requena

La hiperplasia sebácea y la rinofima muestran como hallazgo histopatológico común la presencia de voluminosas glándulas sebáceas en la dermis. La hiperplasia sebácea se caracteriza clínicamente por una o varias pápulas pequeñas, amarillentas y con umbilicación central salpicadas por la cara y la frente de adultos, y el proceso es más frecuente en varones. Existe una forma de hiperplasia sebácea difusa que afecta a toda la cara, apareciendo un engrosamiento difuso de la piel, con poros dilatados, e intensa seborrea. En esta forma de hiperplasia sebácea difusa, con frecuencia se observa una incidencia familiar. Histopatológicamente, la hiperplasia sebácea se caracteriza por la presencia de grandes lóbulos sebáceos completamente maduros dispuestos alrededor de un folículo piloso velloso y conectados con su infundíbulo a través de conductos sebáceos. A menudo se observa dilatación de este infundíbulo. La rinofima se caracteriza clínicamente por un engrosamiento llamativo de la piel de la nariz, sobre todo de su extremo inferior, que muestra una superficie con abultamientos, poros foliculares dilatados y abundantes telangiectasias. Histopatológicamente existen dos formas de rinofima. En la forma clásica se observan voluminosas glándulas sebáceas, como las de la hiperplasia sebácea, pero la lesión ya no es simétrica y bien delimitada, sino que afecta difusamente a todas las glándulas sebáceas de la dermis, que, además están rodeadas de un infiltrado inflamatorio neutrofílico, linfoplasmocitario o granulomatoso, dependiendo de tiempo de evolución de las lesiones. Habitualmente se observan también abundantes telangiectasias en la dermis superficial. En la rinofima fibrosa, el número de unidades folículo-sebáceas de la dermis está muy disminuido y se observa intensa fibrosis, mucina intersticial, abundantes fibrocitos y capilares sanguíneos neoformados, recordando la imagen histopatológica del linfedema crónico.




 
 

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